2009 no cierra con broche de oro. Un final poco representativo de un año fenomenal.Diciembre trajo estrés, mucho trabajo, una gripe tremenda y una blackberry.
En la revisión anual de desempeño laboral el 24 de diciembre (!), después de algunas flores, mi jefa concluyó que mi capacidad está disminuida por mi inmadurez.
Le contesté que tenía razón. Apenas me acoplo a la idea de dedicarle gran parte de mi vida y tiempo a estar en una oficina, jugando a las finanzas, a ir a juntas que catalogan como importantes, a tomar llamadas con clientes difíciles. Debería de encontrarle esa importancia a lo que hago, seguramente a eso se refiere con madurar. Sucede que todavía siento que juego con los cheques viejos de mi mamá cuando firmo recibos de nómina, contratos laborales, vouchers; que las cosas me siguen pareciendo simples, un ensayo pues la realidad Debe ser más elaborada.
En ese momento, le di la razón a ella y los sigo creyendo, definitivamente era un asunto de madurez, pero no le dije que es mi intención no serlo.
Si madurar se trata de tomarlo todo en serio, entonces no me interesa hacerlo.
Las fiestas decembrinas le trajeron mayor brillo al mes sentándose del otro lado del sube-y-baja; me recuerdan el excelente año que ha sido 2009. Las comidas familiares, reuniones de amigos y hasta fiestas de oficina me hacen pensar que la navidad es un excelente pretexto que utilizamos para llamar y decir lo que sólo dices motivado por un Flaming Ferrari, para hacer un obsequio que sabes que hará sonreir a quién lo reciba (de los que minimizan la perdida, más aquí), para cambiar percepciones, para comer delicioso y beber mejor.
Año nuevo tiene su atractivo adicional, la reflexión de fin de año me motiva, causa conflicto y encanta en una mezcla de sentimientos fantástica.
Felices fiestas.



