05 diciembre 2010

puntos extras

Cómo en los exámenes de secundaria en los que había una pregunta al final, sin relación a la materia, este año hice puntos extras.
Al inicio de año me sentía convencida pero fue hasta cerca de octubre en que parpadee y cuando abrí los ojos se veía diferente. Volví a parpadear y las cosas se quedaron igual. Igual que hace años que me operaron, con cada día que pasaba, gané claridad. Claridad que no se pierde.
Quizá en la vejez.

cierre de año

Después de Loran Roche - The Companion, no puedo escoger a mi último libro del año.

Creo  haber mencionado antes que este el primer año en el que desde el día uno elegí tres cosas que quería hacer durante 2010. Muchas personas ya ni lo intentan, imagino que el sentimiento de satisfacción cuando cumples uno de tus propósitos es proporcional al sentimiento de frustración cuando llega el fin de año e intentas no recordar lo que ni-intentaste cumplir. En ese caso no tiene ningún sentido hacer metas de año, ni empezar dietas en lunes o dejar de fumar cada primero de mes.

Si los cumplí es por lo siguiente:

  • Este año aprendí que para hacer algo, lo tienes que querer. De verdad. Para dejar/empezar a ver a alguien, para aprender algo nuevo, para terminar un projecto inconcluso o iniciar uno nuevo. No sirve pensar o convencerte de ello, tiene que venir desde el estómago.
  • Inercia. Palomear uno te impulsa al siguiente.


Mi mamá me contó que hace años varias de sus amigas se juntaron en diciembre e hicieron propósitos. Una de ellas (T) sacó su agenda y los anotó todos, ya desde entonces a varias no les pareció. Como señora que se apega a su estereotipo, T dijo que quería entrar en los jeans de su hija. Un año después, en una reunión parecida, T sacó su agenda y les enseño los jeans que estaba usando. Varias de las demás se enojaron y dijeron que los propósitos eran como las reglas, para romperlos. Que hueva ser señora.

Mientras tanto, yo seguiré con los míos. Ya tengo dos de tres.