Primeras impresiones de la vida burocrática:
Hace falta el aire acondicionado. En esta semana, podría sacrificar una parte de mi sueldo por ese beneficio. Es un sauna perpetuo con el que ya he comenzado a adelgazar.
En cuanto a libertades: En gobierno existe la elección personal sobre qué protector de pantallas, al igual que el fondo, usar vs. la imposición de uno corporativo en la mayor parte de la IP. En la computadora que me dieron, por ejemplo, el protector de pantallas es de Salma Hayek en bikini. De fotos de fondo: el hijo de su anterior dueño en trajecito del América. El resto de las libertades cibernéticas (FB, MSN, cualquier correo, algo más que la primera plana de los periódicos nacionales) son nulas en gobierno.
La entrega de vales de restaurantes es todo un evento, se hacen colas y el que los entrega, Mr. Chaparrita, se emborracha con su sentimiento de poder e importancia mientras aprovecha el pretexto para saludar a Todas las mujeres de la oficina de beso. Olvidé mencionar el aroma de ajo que ronda su oficina perpetuamente, yum. Este hombre es todo un personaje del que en otra ocasión les contaré más.
Noté también la decoración personalizada del lugar de algunos. La mejor: una esquina con un peluche de Mickey Mouse de 50 cms y una rosa artificial en un jarrón de vidrio.
Habrá que ver qué más descubro en lo que decido si volver o no a la IP.
Los últimos descubrimientos pre-salida:
-Un cajón en el que bajo llave, uno de los funcionarios guarda un rollo de papel de baño tamaño industrial (diámetro de 40 cms) que usa como servilleta, kleenex, etc.
-Una gorda seudo-güera que me veía feo y me "barría" (expresión ochentera y provinciana) que a las 10.30 de la mañana se comía un toblerone entero y que se pintaba y delineaba los labios en sus tiempos libres.
-Mi ex-jefe mandó decir que porfavor dejara el libro de hipotecas que me había prestado antes de irme. Cómo si tuviera algún atractivo el libro o cómo si llevara ya cinco años trabajando ahí que hicieran que mis hábitos de robo se desarrollasen.