
El jueves me presentan (o vuelven a presentar) a un hombre. Lo conocí en una fiesta de despedida hace algunos meses. No se presentó, se paró junto a mí, me dijo alguna frase inmemorable y terminó ayudándome a cortar papel aluminio del tamaño perfecto, meter pizzas congeladas al horno, contar y esperar los 20 minutos y servirlas (una de mis tareas de la noche). Traía un sombrero/boina color verde oliva que me gustó. Esa noche, como siempre que algo me afecta emocionalmente, el alcohol tuvo un recibimiento en mi cuerpo como de hombre en convento y no recuerdo mucho. Sé que me regresé temprano con F para no comprometerme más con N, que me soplé a la R y a su novio en turno un buen rato, que se llama Diego y es arquitecto, que lo que no me gustó de él fue su voz, que pensé que extrañaría más a Mandy de lo que me habría imaginado, que dejé a Diego encargado de las pizzas y que aunque se despidió de mí muy efusivamente, no me pidió mi teléfono.
Después de esa noche, lo archivé.
Ahora que se muda de edificio y que pierde el contacto que de alguna manera tenía conmigo (por transitividad) pide a M que organize una salida a la que vaya yo también. El fin de semana recibí llamadas y mensajes de la celestina pero llovía y mi recuerdo de él no es tan bueno como para lograr sacarme de mi cama en un día como ese. El jueves es la última oportunidad (aunque esas no existen, siempre hay una más) y el recuerdo tampoco es malo como para que no vaya.
La celestina me dio información adicional:
- es hijo de un buen escritor mexicano (I.S.)
- tiene 34 años
- le gustan las mujeres independientes
¿Cuál de estos puntos me importa?
Si me gusta o es patético, ninguno. Si el resultado de jueves es inconcluso, el uno y el tres le dan un atractivo adicional.
(Como resutado de experiencias previas, ya no me atrevo a decir que me importa y que no, falta que años después me lo vuelvan a echar en cara.)

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