Este mes me queda claro, gracias a distintos ejemplos, mi ideal de relación – de cualquier tipo. Mel escribió alguna vez que la palabra relationship involucra el estar en un barco – ship– con alguien más. Me encanta la idea y la creo muy apropiada. Me imagino en un diagrama de Venn estando en varios barcos al mismo tiempo. Si uno de ellos me hunde, muy probablemente sienta la turbulencia en el resto. Si uno de ellos avanza, gracias a mí o a la otra persona en ese barco-relación, el resto se mueven también.
De la misma manera que cerramos puertas, nos subimos y bajamos de barcos todo el tiempo. Hasta creo que existen barcos-taxi en los que nos subimos por momentos muy cortos de tiempo, moviéndonos de un lado a otro. También existen los barcos de los que nunca nos queremos bajar, en los que avanzamos constantemente gracias a la muy buena coordinación al remar. Hay pocas cosas más cansadas que remar solo en un barco petrolero, ni algo más emocionante que remar en un barco en perfecta sincronía con el otro pasajero de tal manera que se vuelve un barco de aire.
Finalmente le dije a AA lo que más me molesta de él, el ME que vive en él. No sé por qué no lo había hecho anteriormente. Como siempre, me gusta cómo responde a las confrontaciones y problemas: con calma. No tengo expectativas de consecuencias pero sé que las habrá y me da curiosidad conocerlas. Ese es un barco mutante que sabe navegar en el aire, el agua y la tierra con niveles de esfuerzo tan dispares que me ha hecho tener unos brazos (virtuales) al estilo de Michelle Obama.
(Una disculpa anticipada a quién pueda sentirse ofendido por lo que viene.) Este mes también confirmé eso que le preocupa a tantos y tantas y que empíricamente parece probarse (al menos en México): mientras más avanza el tiempo natural de nuestras vidas, la correlación entre la soltería y la falta de aptitud, de muchos tipos y sabores, aumenta (en especial después de los 33). Un apoyo más a las teorías darwinianas. El consuelo: la existencia de valores extremos – outliers.
Este mes se reabre la enemiga máxima de la procrastinación: mi tesis. Suerte con ella marzo.








