Un inicio de año transparente, muy hilado al 2009, incapaz de despegarse de él.
Un buen mes con visitas internacionales que por primera vez en lugar de hacerme recordar un momento me hicieron recordar quién era yo hace cuatro años y ver que he cambiado más de lo que recuerdo.
Una ida al mar a descansar, una cosa nueva que aprendí a hacer (surf) que me gustó como para volverlo a hacer. Concuerdo con S en que hay un gran placer en el simple hecho de aprender algo nuevo, sin importar de qué se trate, hasta lograrlo.
Citas contigentes de larga distancia y buenas y malas reseñas que llegan de todas partes de AA que me hacen preguntarme si así como con K, con quien era otra persona cuando convivimos más, si no es otra persona a la que no puede dejar ir él (y –lo admito– yo).
Una propuesta de viaje (que se materializó en febrero pero que nació en enero) que me llevará al país de mi literatura favorita en marzo. Será la despedida oficial de mis vagancias con H.
Frío y con él, la elaboración de propósitos de año nuevo que me tienen emocionada y muy motivada.
Un libro que aunque no colocaría, por ahora, en mi lista de mis diez favoritos, me hizo ver la vida de manera diferente y me impresionó Verdaderamente (con mayúscula) la intensidad con la que se puede –y debe– vivir. Gracias Anais por primera vez un libro y una persona me inspiró de esta manera.
Un buen comienzo de año que llena de semillas el futuro. Seguiré regando y cantándoles; espero poder verlas pronto.


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