29 septiembre 2010

¿y ahora?

Así como sufro con las películas de miedo, sufro al tener que tomar decisiones difíciles.
Este lunes fui como borrego naive al trasquilador a una entrevista. Llegué con mucha seguridad pensando que no me podrían ofrecer algo que me interesara de verdad y salí desnuda de tentación.
(Mínimo sacó a A de mi cabeza con quién discutí - sin estrés- más de tres horas la noche del domingo.)
Despierto todas las noches para volver a dormir unos minutos después, lo que clasificaría como insomnio en una persona con el sueño tan pesado como el mío. No puedo dejar de pensarlo. De ver los seiscientos ángulos y la (n+1) ventaja y desventaja de uno y otro. Tanto, que en medio de mi hartazgo por un momento pensé que lo mejor sería dejar de trabajar y buscarme algo más qué hacer. Entonces abrí una botella de vino pensando que me sería imposible dormir sin él.
Esto debería de ser divertido. Voy a forzar la diversión antes de que acabe con mi último día de cuarto de siglo. Mañana me río del asunto. Espero hoy por la noche acallarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario