18 octubre 2009

relatos relativos

Hace dos semanas creí haber cerrado un libro. No me imaginé que existía una sequela. El primero fue, además de introductorio, desestabilizante por momentos; cuando todo estaba por funcionar, algo lo impedía. En cada capítulo el tiempo era uno de los personajes más importantes.
Este segundo, retoma el sentimiento de las primeras páginas de la saga, es fresco e inevitablemente disfrutable. En resumen: imposible dejarlo en el buró olvidado.

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