31 diciembre 2008

2009


Un año de experimentos.

Ya verán.

De The Onion.1


De mi sección favorita de The Onion, American Voices:


A team of Manhattan doctors is planning the first-ever uterus transplant. What do you think?

Tim Keller, Systems Analyst - "Won't gestation in a corpse womb instill maternal feelings toward the undead in these children? Oh, nice try, zombie scientists. Nice try."

sobre las Mayúsculas

Alberto Caeiro y su Guardador de Rebaños inmediatamente me gustó. Para entender las Odas de Ricardo Reis me tardé muchas páginas más; apenas ayer comencé a marcar los poemas que más me gustaban; influyeron enormemente las mayúsculas del principio de cada verso. Era casi imposible de leer suponiendo que cada uno, cómo su letra mayúscula suponía, empezaba con una nueva idea. Una vez que empecé a ignorarlas, todo cobró sentido. Sigo sin creer la diferencia que algo tan sencillo como una letra más grande junto a una chiquita provoca.

Como me sucede comúnmente cuando algo me impresiona, no por casualidad sino por atención adicional que le presto, el mismo tema no deja de aparecer en el resto del día, o días, y se empiezan a concatenar otras ocurrencias e ideas que tengo hasta crear una cebolla de muchas capas.

Primero, un anexo de mi tesis que tuve la tentación de reescribir por estar cada categoría en mayúsculas a pesar del tiempo perdido que representa el capricho. Después, el recuerdo del primer texto que llevé a mi taller de literatura en prepa en el que, aunque sí usaba signos de puntuación, no usé ninguna mayúscula. Cuando R me preguntó por qué lo hice, la respuesta entonces me pareció obvia, se trataba de un hilo de pensamiento y hasta la fecha creo que sí pensamos con signos de puntuación, de la misma manera que leemos o hablamos, pero que las mayúsculas y minúsculas las usamos de manera convencional sólo al escribir o leer y que al hablar y pensar las usamos de forma muy diferente. Por ejemplo, hay nombres propios que jamás diría con mayúscula (‘adriana’, ‘banamex’), adjetivos y sustantivos que casi siempre uso con mayúscula (‘Enorme’, ‘Libra’) y artículos que en ocasiones, para enfatizar, digo con mayúscula (‘es El peor’, 'es La opción'). En fin, probablemente esté haciendo algo Mayúsculo de este asunto minúsculo. Seguiré cultivando la cebolla.

Mientras tanto, transcribo dos de los poemas que más me han gustado de Ricardo Reis.


23.
A nada imploran ya cosas tus manos,
Ni convencen tus labios ya quietos,
En el ahogo subterráneo
De la húmeda impuesta tierra.
Sólo tal vez la sonrisa con que amabas
Te embalsama remota, y en las memorias
Te yergue tal cual eras, hoy
Colmena putrefacta.
Y el nombre inútil que tu cuerpo muerto
Usó, vivo, en la tierra, como un alma,
No recuerda. La oda graba,
Anónima, una sonrisa.

28.
Para ser grande sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé íntegro en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Así en cada lago la luna entera
Brilla, porque alta vive.

30 diciembre 2008

Cita del día

¨Porque el 2009 es tuyo, es mío, es nuestro.¨ – Q

28 diciembre 2008

2008

2008.

El primer año en que dejo de ser estudiante. Afortunadamente, gracias a mis compañeros de oficina, que ahora son más mis amigos que colegas, no ha sido doloroso.

Febrero: empecé el año con un beso inesperado de C para asustarme y regresar a P, sólo por una semana, creyendo que algo habría cambiado.

En marzo, mientras estaba de viaje con H, me escribieron las 2 cartas más lindas que he recibido, y probablemente recibiré, en mi vida (gracias R). Un viaje que, cumpliendo su propósito, me hizo ver hacia dónde quiero ir.

En mayo redescubrí el sentimiento de poder ver al despertarme gracias a la cirugía láser (definitivamente en el top 3 del año). La experiencia fue notable no sólo por el resultado. El proceso de usar lentes de armazón 6 semanas antes, no usar rimel ni cualquier otra pintura por 6 semanas después y aún así escuchar a alguien decirte que te ves igual de bien sabiendo que es una mentira. O escuchar a quién te dice, ‘quítate los lentes que te ves más linda’. [Ambas me gustan, una por ceguera y la otra por sinceridad.] La sorpresa de recibir flores o películas de quién menos te lo esperas pero que por lo mismo no dejas de querer (J, pour vous). Depender nuevamente de tu mamá para cosas tan básicas como hablar por teléfono y escuchar como te cuenta una película de S&M muy leve (no pregunten) porque no la puedes ver y ya estás tan aburrida que eres tú la que lo pides. Las llamadas grupales, e individuales, pre y post operación, y hablar por teléfono con las personas que veo casi todos los días; conocer las cosas que eligen decir cuando el tiempo es limitado en contraste a las que dicen cuando el lunes es largo. Mis idas al doctor post operación, el pelirrojo que se sonrojaba (y me hacía sonrojar a mí también), el miedo que sentí cuando creí que no estaba del todo bien, las explicaciones de lo que veía y la descripción de la nitidez con que lo hacía. Gracias a los que estuvieron junto a mí.

En julio visité a K y recordé Bélgica y nuestra amistad con la que la casualidad no se equivocó. La casa en el lago en la que podría vivir todos los días del año.

Dos bodas de primas en julio y agosto. La de M, la más emotiva a la que he ido, los novios no podían estar más enamorados (hasta lloré en la misa, sí YO) y la post-fiesta en el cuarto de hotel con la botella de tequila robada, inolvidable. La de A, de película.

N, presente todo el año sin darse cuenta aún que no soy lo que él quiere. Aún así, le agradezco el conocerlo. Sorprendentemente para algunos, una de mis personas favoritas del año.

A partir de octubre tuve la mejor bienvenida a los 24 que podría imaginar: seis semanas sin parar en las que la pasé estupendamente. Influyeron, la hermana de vuelta, ligues internacionales televisivos, una comida en Querétaro, cuatro días en la playa, conocer a M (otra de mis personas del 2008) y mucha risa, imparable. Redescubrí el whiskey cuatro años después de haberme enemistado con él y los cafés coquetos (licor del 43 en las rocas con expreso).

Noviembre: Veracruz, El buen canario, Madonna.

Diciembre cierra el año con fiestas decembrinas que disfruté mucho más que en años anteriores, muchos chocolates, un viaje que han catalogado como valiente pero yo definiría como independiente e iniciante (si es que ese adjetivo existe y quiere decir lo que quiero decir). La primera titulación de uno de mis amigos, felicidades D. Unas repisas invisibles que, como el siguiente año, sostienen lo que sueño. Su único defecto es no soportan más de 15 libras o 41 centímetros; hay que saber cuánto esperar de un nuevo año.

22 diciembre 2008

Una excepción a la regla

Entre las pocas cosas belgas que me gustan está Chantal Maillard. Su claridad de pensamiento, precisión y el dolor con el que escribe no dejan de, casi literalmente, encantarme. Me es imposible leerla sin detenerme cada par de párrafos a reflexionar. Algunas de mis citas favoritas de Diarios Indios:

  • Es difícil llegar a uno mismo. Tal vez porque también es difícil hallarse en situaciones desacostumbradas en las que sentirse absolutamente desamparado.
  • También sé que nada ni nadie es independiente de su entorno - ése es el acuerdo que firman las criaturas con la vida cuando nacen - pero en cada ser hay algo inmune y no relativo.
  • La India: una tierra que corta la mirada y exige luego el pago de la herida. Lamiéndome en las manos la sangre de mis ojos, me reconforto al pensar que algo he ganado después de todo: saber que el mundo, esa gran llanura de colores, irrumpe en el alma que va buscando su origen con la fijeza de una falsa llama que la entretiene y desazona. Saber que es preciso dejar de indagar - pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda - y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada.
  • ¿Cuánto de lo que hacemos lo hacemos por hacerlo y cuánto para contarlo? ¿Qué de nuestra vida está vivido y qué está fotografiado y empaquetado para vivirlo después, cuando pueda ser comunicado? ¿Cuánto de auténtico viaje hay en nuestra vida y cuánto de turismo?
  • En un principio fue el deseo. Luego la tierra árida, los anchos páramos, el desierto infinito que cabe, todo entero, en un corazón humano.                                                                 ¿Cuáles son los límites del deseo? El mundo ha sido generado por él, la multiplicidad toda entera. La vida es fruto del deseo. Cuando me miras con deseo me haces el regalo más hermoso. Creas el mundo a partir de mí. Si niegas tu deseo me dejas sin recursos, si niegas mi deseo, empobrezco.

21 diciembre 2008

Closing doors


Hace unos meses leí un artículo del NYT de mi economía favorita: la de comportamiento (en inglés, behavioral economics). En él hablan del costo de oportunidad de mantener opciones y puertas abiertas por miedo o inseguridad a cerrarlas. 

La teoría va en contra del consejo popular de conservar la mayor cantidad de velitas prendidas porque quién sabe que podría pasar en el futuro. Es fácil comprender las ventajas de perder oportunidades cuando se trata de un ejemplo práctico como elegir entre proyectos; tener demasiados puede provocar falta de foco en ellos y la imposibilidad, o alentamiento, para concluir alguno. El punto tampoco es cerrar todas las puertas excepto aquella por la que pensamos cruzar, por términos probabilísticos y de experiencia, sabemos las consecuencias de poner todos los huevos en una sola canasta. Se trata de elegir QUE puertas mantener abiertas para cerrar aquellas que no justifiquen su costo (o en términos estadísticos, aquellas en las que su valor esperado es menor al costo de  oportunidad en que incurrimos al no cerrarlas).

Cuando leí el artículo por primera vez, me tardé en asimilarlo pero me causó tanta impresión que lo comenté con muchos de mis amigos e inmediatamente, comencé a cerrar puertas. De distintas naturalezas: proyectos, planes, relaciones, comunidades de internet. Hubieron otras que no me convencí a cerrar por miedo a perder flexibilidad en el futuro, pero también aprendí que cerrar puertas es distinto a quemarlas. Desde entonces, algunas de esas puertas cerradas las he reabierto por curiosidad, como Alicia, sólo para convencerme que, en la mayoría de los casos, hice bien al cerrarlas.

Hoy vuelvo a cerrar puertas que me gastan. Otras puertas se abren y el pasillo sigue teniendo salida.

Soplo y apago velas que, cuando son muchas, pierden su encanto y me deslumbran.

18 diciembre 2008

Jet Lag


Nunca había sufrido de jet-lag, hasta ayer. Para los afortunados desconocedores de este padecimiento: no es cuento chino (si lo fuera ojalá que fuese de Shikubu), existe. Fue una novedad, yo era de las que creía que aquejaba sólo a hipocondriacos y viejitos. 
Ayer después de un taxi de una hora, obligado por habernos quedado dormidas, un tren de 40 minutos, un avión de hora y cuarto, una conexión de 20 minutos más un retraso por mal tiempo de una hora y un vuelo de 12 horas, llegué a bañarme y a dormir. No deshice mi maleta, no busqué cambios en mi casa, no comí. Dormí. Más de 10 horas y aún así al día siguiente me sentía como si hubiera bebido dos botellas de tequila. Me molestaba la luz, los olores, tenía sed, tomaba agua y la seguía teniendo, los ojos resecos e hinchados, el cuerpo golpeado; en una palabra, fatal.
Anoche dormí otras 10 horas y hoy soy otra.

Podría jurar que Joss Stone jamás lo ha vivido. Si sí, apenas comprendo su canción.

05 diciembre 2008

Enamorada

Usualmente un viaje me hace sentir lo mismo que un hombre cuando me gusta, me genera mucha emoción y pienso en él varias veces al día. Cuando estoy en el aeropuerto, el olor y lo que significa para mí el AICM me provocan sentimiento estomacal. Naturalmente que es mental pues ahora que frecuentemente viajo por trabajo mi emoción es casi inexistente; se reduce, pero nunca desaparece.

Mañana salgo de viaje y uno de los que me gustan porque es poco ordinario. Me doy cuenta hoy que me ha sucedido lo mismo que con los hombres, no encuentro el tiempo para emocionarme en días y semanas como ésta. Me preocupo por tenerlo todo listo, como K sabe, me encanta tener todo planeado al máximo. Quizá por eso la pasé tan bien hace tres años que estuve en Turquía. L y yo sólo hicimos una lista con los lugares que queríamos conocer. El resto, se resolvió mientras caminábamos. Las consecuencias de esta decisión fueron impredecibles. Sólo por enlistar algunas:
  • La cena en Fethiye, con dolmas (mi perdición turca que no he podido replicar por falta de yogurt verdadero en México y no cultivos lácteos) y el doctor de extranjeros rusos e ingleses que nos preparó de desayuno un sandwich de-li-cio-so de queso. Hospitalidad turca que me hizo querer acoger a todos los extranjeros que vinieran a México.
  • El intento fallido de Olympos que terminó con nosotras sentadas en el pasillo de un camión (no en el suelo sino que en el periódico que el conductor nos puso muy amablemente) teniendo que agacharnos cada vez que pasábamos cerca de una patrulla o caseta de policías mientras la copiloto ensayaba su inglés con nosotras y actuaba de traductora entre nosotras y el resto de los pasajeros de camión.
  • La pashmina que yo tanto quería y el regateo para conseguirla en el que participamos el "alemán" y yo que incluyó dos tés de manzana, unos 20 minutos, mi mail y una invitación [rechazada] a una noche turca como parte del trato.
  • La estación de camiones en Konya, la ciudad más conservadora de Turquía, a las doce de la noche y el gesto con la mano en el hombro que jamás olvidaremos que  casi provoca una pelea causada por la señora que gritaba como desesperada.
  • El turco que, con el pretexto de tomarse una foto con cada una de nosotras, aprovechó para conocer las curvas mexicanas al que L todavía le compró un sombrero a F que, al menos, lo cautivó.
  • El taquero y el conductor de camiones guapos de los que hasta la fecha seguimos hablando como parte de nuestro plan de traer unos kebabs auténticos a la Ciudad de México.
  • El pobre perro Benji en Capadoccia que nos siguió hasta el hotel por haberlo alimentado con las galletas del día anterior, quería abandonarnos jamás.
  • El casting más exitoso de piratas que puede llegar a haber en un solo país.
Me enamoré de Turquía.

Espero volver a enamorarme la próxima semana.

01 diciembre 2008

Sobre tus manos

Es la segunda vez que encuentro a Xavier en un lugar inesperado. Dejé de salir con él en agosto del año pasado después de una cena en un restaurante de la Condesa en la que mis ojos se convirtieron en el marcador de un feroz corrector de estilos y sustancia. Al principio pareció no entenderlo pero haberlo aceptado. Pero su desesperación fue creciendo y su orgullo desapareciendo hasta que me empezó a buscar desesperadamente. Primero por teléfono, en mi celular, después en mi casa y mandándome correos. Cuando supo que mi desaparición era intencional empezó a marcar usando números diferentes y yo, desde entonces, no contesto a desconocidos.
La primera vez que lo encontré fue en el aeropuerto cuando regresaba de Londres. Alenté el paso lo más que pude para evitar cruzarnos. Esta segunda vez estuvo a menos de medio metro de mí en la fila para el concierto de Madonna. Tiene novia, güera artificial. Perfecta para él.
Preferí no saludarlo y evitar la incertidumbre de su reacción. Pensé en él por unos minutos después de verlo y lo recordé con cariño. Si una cosa me gustaba de él es que reíamos todo el tiempo. Lloré de risa con él hablando de ventosas en los pies, con su amigo el piloto y en la elíptica mientras hablábamos por teléfono. Funcionaba porque ambos sabíamos que sólo se trataba de una broma y que, mientras durara, era genial.
Me gustaba su perfil y verlo cuando manejaba mientras me dejaba elegir la música.

Ese último día sólo pude ver, entre otras cosas, que me asustaba su smirk y sus manos.