El primer año en que dejo de ser estudiante. Afortunadamente, gracias a mis compañeros de oficina, que ahora son más mis amigos que colegas, no ha sido doloroso.
Febrero: empecé el año con un beso inesperado de C para asustarme y regresar a P, sólo por una semana, creyendo que algo habría cambiado.
En marzo, mientras estaba de viaje con H, me escribieron las 2 cartas más lindas que he recibido, y probablemente recibiré, en mi vida (gracias R). Un viaje que, cumpliendo su propósito, me hizo ver hacia dónde quiero ir.
En mayo redescubrí el sentimiento de poder ver al despertarme gracias a la cirugía láser (definitivamente en el top 3 del año). La experiencia fue notable no sólo por el resultado. El proceso de usar lentes de armazón 6 semanas antes, no usar rimel ni cualquier otra pintura por 6 semanas después y aún así escuchar a alguien decirte que te ves igual de bien sabiendo que es una mentira. O escuchar a quién te dice, ‘quítate los lentes que te ves más linda’. [Ambas me gustan, una por ceguera y la otra por sinceridad.] La sorpresa de recibir flores o películas de quién menos te lo esperas pero que por lo mismo no dejas de querer (J, pour vous). Depender nuevamente de tu mamá para cosas tan básicas como hablar por teléfono y escuchar como te cuenta una película de S&M muy leve (no pregunten) porque no la puedes ver y ya estás tan aburrida que eres tú la que lo pides. Las llamadas grupales, e individuales, pre y post operación, y hablar por teléfono con las personas que veo casi todos los días; conocer las cosas que eligen decir cuando el tiempo es limitado en contraste a las que dicen cuando el lunes es largo. Mis idas al doctor post operación, el pelirrojo que se sonrojaba (y me hacía sonrojar a mí también), el miedo que sentí cuando creí que no estaba del todo bien, las explicaciones de lo que veía y la descripción de la nitidez con que lo hacía. Gracias a los que estuvieron junto a mí.
En julio visité a K y recordé Bélgica y nuestra amistad con la que la casualidad no se equivocó. La casa en el lago en la que podría vivir todos los días del año.
Dos bodas de primas en julio y agosto. La de M, la más emotiva a la que he ido, los novios no podían estar más enamorados (hasta lloré en la misa, sí YO) y la post-fiesta en el cuarto de hotel con la botella de tequila robada, inolvidable. La de A, de película.
N, presente todo el año sin darse cuenta aún que no soy lo que él quiere. Aún así, le agradezco el conocerlo. Sorprendentemente para algunos, una de mis personas favoritas del año.
A partir de octubre tuve la mejor bienvenida a los 24 que podría imaginar: seis semanas sin parar en las que la pasé estupendamente. Influyeron, la hermana de vuelta, ligues internacionales televisivos, una comida en Querétaro, cuatro días en la playa, conocer a M (otra de mis personas del 2008) y mucha risa, imparable. Redescubrí el whiskey cuatro años después de haberme enemistado con él y los cafés coquetos (licor del 43 en las rocas con expreso).
Noviembre: Veracruz, El buen canario, Madonna.
Diciembre cierra el año con fiestas decembrinas que disfruté mucho más que en años anteriores, muchos chocolates, un viaje que han catalogado como valiente pero yo definiría como independiente e iniciante (si es que ese adjetivo existe y quiere decir lo que quiero decir). La primera titulación de uno de mis amigos, felicidades D. Unas repisas invisibles que, como el siguiente año, sostienen lo que sueño. Su único defecto es no soportan más de 15 libras o 41 centímetros; hay que saber cuánto esperar de un nuevo año.

No me acordaba cuando o por que habia nacido mi desprecio por el whiskey, que habia sido exactamente un cumpleaños tuyo que caimos vicmas de la mercadotecnia por una toalla , maleta o algo que hasta se nos olvido, ... tenia que ser tu cumpleaños otra vez para agarrarle el gusto de nuevo ¡D
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