31 diciembre 2008

sobre las Mayúsculas

Alberto Caeiro y su Guardador de Rebaños inmediatamente me gustó. Para entender las Odas de Ricardo Reis me tardé muchas páginas más; apenas ayer comencé a marcar los poemas que más me gustaban; influyeron enormemente las mayúsculas del principio de cada verso. Era casi imposible de leer suponiendo que cada uno, cómo su letra mayúscula suponía, empezaba con una nueva idea. Una vez que empecé a ignorarlas, todo cobró sentido. Sigo sin creer la diferencia que algo tan sencillo como una letra más grande junto a una chiquita provoca.

Como me sucede comúnmente cuando algo me impresiona, no por casualidad sino por atención adicional que le presto, el mismo tema no deja de aparecer en el resto del día, o días, y se empiezan a concatenar otras ocurrencias e ideas que tengo hasta crear una cebolla de muchas capas.

Primero, un anexo de mi tesis que tuve la tentación de reescribir por estar cada categoría en mayúsculas a pesar del tiempo perdido que representa el capricho. Después, el recuerdo del primer texto que llevé a mi taller de literatura en prepa en el que, aunque sí usaba signos de puntuación, no usé ninguna mayúscula. Cuando R me preguntó por qué lo hice, la respuesta entonces me pareció obvia, se trataba de un hilo de pensamiento y hasta la fecha creo que sí pensamos con signos de puntuación, de la misma manera que leemos o hablamos, pero que las mayúsculas y minúsculas las usamos de manera convencional sólo al escribir o leer y que al hablar y pensar las usamos de forma muy diferente. Por ejemplo, hay nombres propios que jamás diría con mayúscula (‘adriana’, ‘banamex’), adjetivos y sustantivos que casi siempre uso con mayúscula (‘Enorme’, ‘Libra’) y artículos que en ocasiones, para enfatizar, digo con mayúscula (‘es El peor’, 'es La opción'). En fin, probablemente esté haciendo algo Mayúsculo de este asunto minúsculo. Seguiré cultivando la cebolla.

Mientras tanto, transcribo dos de los poemas que más me han gustado de Ricardo Reis.


23.
A nada imploran ya cosas tus manos,
Ni convencen tus labios ya quietos,
En el ahogo subterráneo
De la húmeda impuesta tierra.
Sólo tal vez la sonrisa con que amabas
Te embalsama remota, y en las memorias
Te yergue tal cual eras, hoy
Colmena putrefacta.
Y el nombre inútil que tu cuerpo muerto
Usó, vivo, en la tierra, como un alma,
No recuerda. La oda graba,
Anónima, una sonrisa.

28.
Para ser grande sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé íntegro en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Así en cada lago la luna entera
Brilla, porque alta vive.

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