El sábado fui a comer con L a un restaurante de 'auténtica' comida turca. Se llama Istanbul y, efectivamente, sus dueños son turcos y están muy al pendiente de todo lo que sucede ahí aunque como no hablan español, supervisan que todo esté bien desde una distancia, asegurándose que no falte nada. Fuimos como a las 4:30 y estaba casi vacío, tienen un local grande en la colonia Cuahutemoc, al que no le han invertido mucho, las mesas y sillas son de cafetería de los sesentas de plástico acolchonadas y los manteles son de encaje sintético, las copas son de diferentes juegos y los vasos para el ayram de plástico. El hostess/mesero increíblemente amable al igual que el resto de los que ahí trabajan. Lo que no impidió que L y yo estuviésemos muy escépticas al principio, pues ya nos habían decepcionado antes otros restaurantes. La carta la reconoció L y la única decepción fue la falta de dolmas. Pedimos entradas variadas y un Borek Tabagi delicioso. Probamos dos platos fuertes, uno de cordero (que al parecer traen de España por su sabor más parecido al turco que el mexicano) y otro de degustación que traía cordero, pollo, las famosas keftes y carne de res sobre croutons con una salsa de mantequilla y hierbas. Irreal. Ambos venían con un jitomate casi perfecto, calabazas asadas y la salsa de yogurt, en tres versiones: natural, con ajo y con hierbas, que acompaña los platillos sabía a Fethiye. De postre pedimos un mengurje de chabacano con helado y nueces (que cuando la mesera lo describió no dejaba de salivar; tampoco yo cuando lo probé) y unos higos secos rellenos de nueces cubiertos con una salsa de dulce de leche.
Terminamos emocionadas por el descubrimiento, preocupadas por su subsistencia, determinadas a regresar a la noche turca con todo y bellydancing de 'Las Sultanas de Istanbul' y con un sabor a ajo en la boca que ni mis recién descubiertos 'mejores chicles del universo' pudieron quitar. En la esquina nos encontramos con un pedacito de Nueva York, una tintorería con dos hombres que hablaban [decidimos] en serbio con un perro chiquito pero muy coqueto.
Más tarde vimos la película de Tropic Thunder que me hizo reir sin control.
Definitivamente un muy buen sábado.

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