Hacer las cosas con poco tiempo no me molesta, estoy más enfocada al minimizar la pérdida de tiempo y no desvarío en otras cosas como me gusta hacer. Cuando se trata de la maestría, lo detesto. Es algo que me habría gustado tomarme con calma y disfrutar, ahora no tengo tiempo de aplicar a becas, de pensar qué pedir en mis cartas de recomendación, mucho menos de contestar en dónde pienso y quiero vivir. Las decisiones las he precipitado como consecuencia de distintos factores que hacen que sienta que es el momento de seguir adelante. Hoy, adelante es un MSc. La precipitación no me preocupa. Estoy muy de acuerdo –aunque no por las mismas razones– con mi abuela en que las cosas suceden por algo. Quien más me gusta como lo explica es Steve Jobs:
La vida consiste en unir puntos. Puntos que es imposible unir mirando hacia adelante, que sólo se pueden unir mirando hacia atrás. Así que, debes de confiar (en tu destino, vida, karma, presentimiento, lo que sea) que de alguna manera, los puntos se unirán en el futuro . Porque el creer que los puntos se irán conectando en el camino, te dará la confianza de seguir a tu corazón aún cuando te lleve por el camino menos andado y eso, hará toda la diferencia.
Algunos puntos son difíciles de reconocer; otros son gigantescos por su importancia. Por ejemplo, creo que mi estancia en Bélgica es más que un punto, es un asterisco por el que muchas de mis experiencias se han ido conectando. K es una de ellas, su amistad vale más que cuatro meses en LLN; Marruecos otra, por todo lo que el francés nos permitió conocer por abajo de la apariencia. Estoy tranquila porque hasta hoy, no he hecho otra cosa que seguir lo que mi corazón me dice — que seguramente sabe mejor que yo a dónde ir.
Saber exactamente qué es lo que quieres de tu vida es difícil. A mí me parece casi imposible. Vivo caminando rodeada de neblina densa que no me deja ver muy lejos. Ahí adentro soy feliz y no tengo miedo pues no hay mucho qué temer, porque no lo veo hasta que miro hacia atrás. Pero hay días en que mágicamente se disipa y lo que hay a mi alrededor adquiere impresionante claridad. No sólo veo destinos sino que además veo distancias, barreras, puentes, pasos peligrosos y me da miedo. Pero sé que es entonces cuando debo de tomar una decisión: hacia dónde quiero seguir caminando. Reprogramo mi brújula y me inmerso en la neblina de nuevo. Una neblina un poco menos densa que la anterior. Hasta que algún día desaparecerá casi por completo.
Quizá sea por esta manera mía de tomar decisiones que pueden llegar a parecer aceleradas o precipitadas. Algunas veces, ya sé qué quiero y sólo estoy a la espera del momento indicado, o quiero conocer el panorama completo antes de elegir hacia dónde ir. Otras, llega la claridad y sin sospecha, entiendo que tengo que hacer algo. Ya.
Esta vez se trata de algo que tenía muy claro que quería hacer pero no había decidido cuándo. Las condiciones atmosféricas me dejaron ver que ahora es un buen momento. Espero que en seis meses o seis años mire hacia atrás y pueda unir los puntos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario