14 enero 2009

Cascarrabias

Todo ayer y hoy estuve de mal humor. Ayer en la mañana a la expectativa, después de comer, sin control. Hoy, la tarde me hizo olvidarlo todo. Como siempre no creo que existan culpables pero siempre hay personas que multiplican (o disminuyen) la sensación.


Mi mamá ayudó, mi jefa no. P ayudó, M no. S, J y M ayudaron. También la música que escucho ahora contribuye.

¿Qué es lo que me pone de mal humor? La incertidumbre.
¿Qué es lo que me reestablece la calma? La definición.

  • Mi mamá me dijo que hicera lo que se me antoje y punto. (No puedo imaginar un consejo mejor para mis hijos.) Gracias.
  • Mi jefa me hace prometerle que confío en ella y en las entrañas de esa compañía que tiene cáncer y una sentencia de muerte en las manos que se niega a leer. Olvido que (unlike many) tengo un chaleco salvavidas y siempre estoy lista para abandonar la nave.
  • P hizo más evidente que yo tengo el control y el manubrio y el cargador y el freno y el acelerador y el botón de la licuadora y la perilla de la estufa y todas esas cosas que no quiero ni me sirven de algo (aunque debo admitir que hay un cajón en mi casa lleno de cargadores de celulares que ya no tengo que justo ahora estoy pensando en tirar). Gracias.
  • M me asustó como le gusta hacer, llegar por atrás sin que me dé cuenta. Me pegué en la rodilla con la mesa.
  • S y J me escucharon y entendieron. M también me escuchó (o leyó), contamos historias de la familia Adams, tan chistosa (quizá demasiado porque ya nos aburre). Gracias.

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