Había sido inmune, gracias a la vacuna de la gripa que me puse, hasta el lunes por la tarde cuando empecé a estornudar en mi regreso a casa en el que mi camino de 25 minutos se multiplicó a una hora y media como consecuencia de una feria de pueblo con motivo del día de reyes, justo a la mitad y en medio de mi camino. Por suerte llevaba mi ipod y una decisión importante que tomar por lo que tuve con que entretenerme un poco hasta que un señor me chocó por atrás.
Lo volteé a ver por el espejo retrovisor, era un Johnny Bravo muy tropicalizado, con lentes oscuros en la oscuridad, con unas cuantas decenas de kilos y de años más, que transportaba a sus dos hijos preadolescentes y muy inquietos quién sabe a dónde, que muy probablemente no tenía seguro de auto, y lo más importante, con quién no quería lidiar en ese momento. Así que después de frenarme un rato para demostrar que me había dado cuenta de su accidente y que estaba pensando que hacer, mientras lo veía y me veía en el espejo con cara de 'y ora que va a hacer ésta', avancé los dos metros que se despejaron en esos 60 o 90 segundos y el levantó un poco las cejas. Me le quedé viendo por los espejos, como maestra o mamá que quiere castigar sólo con la mirada después de haberse hecho de la vista gorda – tampoco tenía algo más que hacer. Es momento de aclarar que no fue un Gran choque, ni tampoco un besito, fue algo así como un choque de cabezas y que lo que le sucede a mi coche me importa muy poco.
Diez minutos más tarde, el señor Bravo aprovechó la primera oportunidad que tuvo para demostrar su civilidad y dejar pasar a otro coche que quería incorporarse al camino y así estar fuera del alcance de mi mirada. Todavía me quedaron 40 minutos más. Cuando llegué a casa ya estaba cansada y sin ganas ni tiempo para ir a recoger mis resultados de mi examen de inglés (el eye-elts según la secretaria o el ielts), así que cené sopa y leí un libro hasta dormir.
Ayer por la mañana, me costó mucho despertar y la idea de llamar y decir que estaba enferma casi me seduce. Fui a la Condesa a recoger mis resultados del examen antes de llegar a la junta de las 10. Saliendo me mandaron a descansar a mi casa – así me he de haber visto – para regresar a las 4 a otra junta en la que necesitaba estar. Regresé y tomé muchos tés y agua. Dormí hasta que quise, y ya me siento mejor.
Tener todo el día, con interrupciones para sonarme la nariz, estornudar (hoy, varias veces antes de estornudar, mi ojo derecho lloró una o dos lágrimas, extrañísimo) y tomar agua, para hacer lo que había pospuesto todo este año (que tramposa) definitivamente me ha ayudado a sentirme mejor.

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