07 enero 2009

En -fermedades; -cuentros

Hoy no fui a trabajar porque estoy un poco enferma de gripa – aunque mi jefa diría que 'un poco' es un eufemismo. Toda mi familia ya pasó por la invasión del virus que mi papá bautizó como Staphyloccocus Elvius por su procedencia. 

Había sido inmune, gracias a la vacuna de la gripa que me puse, hasta el lunes por la tarde cuando empecé a estornudar en mi regreso a casa en el que mi camino de 25 minutos se multiplicó a una hora y media como consecuencia de una feria de pueblo con motivo del día de reyes, justo a la mitad y en medio de mi camino. Por suerte llevaba mi ipod y una decisión importante que tomar por lo que tuve con que entretenerme un poco hasta que un señor me chocó por atrás. 

Lo volteé a ver por el espejo retrovisor, era un Johnny Bravo muy tropicalizado, con lentes oscuros en la oscuridad, con unas cuantas decenas de kilos y de años más, que transportaba a sus dos hijos preadolescentes y muy inquietos quién sabe a dónde, que muy probablemente no tenía seguro de auto, y lo más importante, con quién no quería lidiar en ese momento. Así que después de frenarme un rato para demostrar que me había dado cuenta de su accidente y que estaba pensando que hacer, mientras lo veía  y me veía en el espejo con cara de 'y ora que va a hacer ésta', avancé los dos metros que se despejaron en esos 60 o 90 segundos y el levantó un poco las cejas. Me le quedé viendo por los espejos, como maestra o mamá que quiere castigar sólo con la mirada después de haberse hecho de la vista gorda – tampoco tenía algo más que hacer. Es momento de aclarar que no fue un Gran choque, ni tampoco un besito, fue algo así como un choque de cabezas y que lo que le sucede a mi coche me importa muy poco.

Diez minutos más tarde, el señor Bravo aprovechó la primera oportunidad que tuvo para demostrar su civilidad y dejar pasar a otro coche que quería incorporarse al camino y así estar fuera del alcance de mi mirada. Todavía me quedaron 40 minutos más. Cuando llegué a casa ya estaba cansada y sin ganas ni tiempo para ir a recoger mis resultados de mi examen de inglés (el eye-elts según la secretaria o el ielts), así que cené sopa y leí un libro hasta dormir.

Ayer por la mañana, me costó mucho despertar y la idea de llamar y decir que estaba enferma casi me seduce. Fui a la Condesa a recoger mis resultados del examen antes de llegar a la junta de las 10. Saliendo me mandaron a descansar a mi casa – así me he de haber visto – para regresar a las 4 a otra junta en la que necesitaba estar. Regresé y tomé muchos tés y agua. Dormí hasta que quise, y ya me siento mejor.

Tener todo el día, con interrupciones para sonarme la nariz, estornudar (hoy, varias veces antes de estornudar, mi ojo derecho lloró una o dos lágrimas, extrañísimo) y tomar agua, para hacer lo que había pospuesto todo este año (que tramposa) definitivamente me ha ayudado a sentirme mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario