Ayer fui a cenar y en la mesa junto a la nuestra estaba sentado P1. No lo veía desde hace más de seis meses, la vez que lo encontré en una tienda de café. Lo saludé y me dió auténtico gusto verlo, pero mucho más el que no hicera que mis palpitaciones por minuto se aceleraran, ni que pensara en qué es lo que llevaba puesto pues me tenía que ver guapísima, ni preguntarme ¿con quién vendrá? Fue un encuentro común.
Hoy en la mañana pensé en los Pablos. Han habido muchos pero la numeración empezó con él por la impresión que me causó y el tiempo que me tardé en olvidarlo (ya salía con P2 y por facilidad, para que la gente, y también yo, supiera de quién hablaba, los bauticé P1 y P2). La tendencia tomó velocidad y se instauró cuando entró en escena P3.
En realidad esta escala es como los grados celsius o farenheit, o como el año cristiano que tiene un 0 en medio con valores por arriba y por debajo. Ahora que lo pienso, es una escala farenheit, porque no lo parte algo Importante como los 0°C (el punto de congelación del agua) ni el año 0 (el nacimiento o la muerte de Cristo), sino que P1, quién en su momento fue importante pero que relativamente la ha perdido (como a su juventud). Y también ahora pienso que quizá me haga falta conocer a P(cero) - el parteaguas. Inmediatamente me convenzco de que no.
Pienso hacia atrás y me encuentro al P original, al primero que conocí (o que recuerdo) y que de una manera u otra, sigue estando ahí. Me acuerdo de P, un niño de prepa guapísimo, que cuando iba en 4to de primaria y tenía enyesado el pie, me cargó hasta el campo de futbol durante una amenza de bomba. Si cuento también a los de nombres compuestos, entra JP mi primer 'cuasinovio' y otros que me hacen sonreir cuando los recuerdo.
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Hoy sigo conociendo Ps y extrañamente ya han perdido su significado y la coincidencia, ha dejado de impresionarme.
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La nueva generación está sin control, tengo dos sobrinos que serán unos rompecorazones.

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